miércoles, 6 de febrero de 2008

Lamarck

Lamarck

¿Crea la función al órgano?
A pesar del gran número de pruebas existentes, la evolución de las especies es una idea que no fue aceptada por el mundo científico hasta el siglo XIX.
Anteriormente a esta época se conocía mediante los fósiles la existencia de especies hoy desaparecidas, pero, para justificar este hecho, se habían elaborado teorías en las cuales no tenía cabida la evolución. En este sentido, el naturalista suizo Charles Bonnet había elaborado una teoría a finales del siglo XVIII según la cual la existencia de estas especies era debida a que, de forma periódica, la Tierra se había visto sometida a una serie de circunstancias catastróficas que habían hecho desaparecer muchas de las especies existentes en aquel momento. Todos los fósiles eran así restos de especies existentes antes de una catástrofe.
Sin embargo , en 1809 aparece un libro titulado Phylosophiae Zoologicae que plantea por primera vez una serie de ideas sobre la evolución de las especies. El autor de este libro, Jean Baptiste Lamarck, fue duramente criticado por algunos científicos de la época de tanta importancia como Georges Cuvier, ferviente seguidor de las teorías de Bonnet; con todo no hay duda de que esta obra supuso un gran paso en el estudio de la evolución.
Según exponía Lamarck en su libro, todas las especies existentes están continuamente esforzándose para adaptarse mejor a las condiciones del medio en que viven, cada especie va desarrollando progresivamente los órganos que más utiliza, mientras que se produce una continua atrofia de los órganos menos utilizados. De esta forma, los caracteres originales van siendo sustituidos lentamente en cada especie por una serie de caracteres adaptativos o caracteres adquiridos.
Para demostrar su teoría, Lamarck ponía como ejemplo a la jirafa. Según él, las jirafas provendrían de unos antílopes primitivos que se alimentaban de las hojas de los árboles.
La necesidad de alcanzar hojas que se encontrasen cada vez más altas hizo que el cuello y la lengua de la jirafa se hiciesen cada vez más largos, aumento que fue transmitiéndose de generación en generación, ya que, según Lamarck, estos caracteres adquiridos eran transmitidos sexualmente.
Esta teoría, que se podría sintetizar con la frase “la función crea el órgano”, servía evidentemente para explicar cómo a lo largo de millones de años, la adaptación a distintos ambientes había sido capaz de crear las diferentes especies que habitan en la Tierra, muchas de las cuales descenderían de una especie única.
En la actualidad, prácticamente ningún científico acepta las teorías de Lamarck. Todos coinciden con él en que en un individuo puede producirse un desarrollo espectacular en alguno de sus órganos debido al uso continuado del mismo, lo cual es fácilmente comprobable; por ejemplo, el desarrollo muscular que adquieren algunos atletas. Sin embargo, lo que los científicos no aceptan es que dicho desarrollo sea heredable; esto es, el hijo del atleta no tendrá el mismo desarrollo muscular del padre a no ser que, como él, haga ejercicio con la misma intensidad.
Las teorías de Lamarck, discutidas ya en el momento de su aparición y de hecho olvidadas en la actualidad como tales teorías científicas, tuvieron sin embargo una importancia vital, ya que mentalizaron a los científicos de su época en el problema de la evolución, mentalización que llevó a muchos de ellos a realizar estudios que seguirían mejor suerte que las teorías del naturalista francés, que aun así, sigue siendo considerado como un pionero del evolucionismo.